No ha pasado ni un mesecillo de las elecciones autonómicas y municipales, y ya podemos ver que lo que se hace es lo que se ocultó en la campaña electoral, de lo que podemos deducir que lo que se dijo es lo que no se va a hacer y lo que se hará es lo que no se dijo. ¿Alguien oyó en la campaña la promesa de si ganamos os subiremos el billete de metro un 50%?, ¿o que la política de austeridad consistirá en subirse los sueldos como primera medida?, ¿o que lo primero que haré es dedicarme a nombrar a dedo a los amiguitos del alma que se van a dedicar a la propaganda a través de las TV y radios autonómicas?.
Décadas se han dedicado en España a concienciar a los votantes de que lo que se promete es siempre mentira y lo que se va a hacer es lo que no se dice, para que todos sean conscientes de que lo de la democracia española se limita a "santa Rita, Rita, lo que se da no se quita". Y al final, parece ser que la inmensa mayoría lo ha comprendido, lo suyo es tragar y callar, que lo importante es tener operativos y despejados los caminos y mecanismos de cobro de los sobornos. La idea es que el personal comprenda que por mucho que no se les votase, con que se voten a sí mismos ya no necesitarían para nada a los ciudadanos...quiero decir, a los siervos.
Es evidente que una democracia sin sistemas de control sobre las acciones de los representantes y las administraciones que capitanean es cualquier cosa menos democracia.