A menudo oye uno hablar de la escasa implicación de los padres en la educación de los niños, cosa repetida hasta la saciedad en los medios por el personal de educación, pero a veces la implicación no es facilitada desde el sector educativo que luego se queja de la falta de la misma.
Normal sería que los exámenes que realizan los chavales sean revisados por los padres a fin de ver si se están enterando de las materias que estudian, pues la mejor manera de saber por donde van los tiros es comprobar las preguntas y respuestas de cada examen para hacerse una idea de la situación. Al parecer esta sana costumbre ha sido sustituída por el silencio administrativo origen de las arbitrariedades y corruptelas que tanto nos escandalizan al encontrarlas en la prensa.
Y oscurantismo parece existir si desde que se solicita ver los exámenes de una primera evaluación para preparar la recuperación de las asignaturas teniendo como referencia las preguntas y respuestas de los mismos, se puede recibir la callada por respuesta por parte de la persona responsable del aula. Y contemplar cómo impunemente puede no contestar dejando pasar cuatro meses, impidiendo así la preparación de recuperación alguna y sin que se pueda justificar tal conducta.
No se puede esperar luego que la familia no acabe pensando que si no se quiere enseñar exista algún motivo para ello, pues técnicamente buscar un folio entre una treintena, hacer fotocopia del mismo y entregarlo puede llevar unos minutos, pero nunca cuatro meses. Menos mal que si uno se queja, nunca falta la autoridad administrativa que le diga a uno que hay que seguir el cauce reglamentario, pues al parecer los hay que piensan que ni se conoce a Larra ni se ha leído "Vuelva usted mañana". !Lo que ha llovido desde el primer tercio del siglo XIX y aún no ha salpicado a algunos!.